Deja caer tus armas en mi pecho,
diosa de tez cetrina,
caliente espada de cilantro
Si pudiera amar,
lo haría como un fusil lejano.
Sería un lejano fulgor
de estrellas moribundas.
Deja caer por favor tus armas
En mi pecho
Oh madre celestial,
dueña absoluta.
Si pudiera vencer a la muerte con una canción, lo haría
Con una garganta enarbolada en el mástil del deseo.
Si pudiera vivir
lo haría humildemente,
con el permiso de las flores del campo.
Pero deja caer, deja caer tus armas
en mi pecho blanco,
mi pecho, mi corazón extendido en las sábanas
Oh diosa de manos prodigiosas
Madre del silencio,
Madre de las palabras nunca dichas
Deja caer tus armas en mi pecho,
Deja caer tu velo para siempre en mis ojos tristes de niño que ya muere,
Que ya se hunde
en la luz
del mediodía eterno
En el tenue
Sabor
de las flores del campo.
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